sábado, 7 de abril de 2012

1ª PARTE, CAP. 5 de “BARCELONA, 30 AÑOS DE CORRUPCIÓN”, ed. 2006, Consorcio de la Zona Franca, Piqué Advocats Associats, 1975-1984

Rafael del Barco Carreras

Barcelona 7-04-2012. Si en la cumbre de la Burbuja al yate espectacular, tipo al del “Pocero”, se le añadía un jet para epatar, entonces los “ricos” aunque los mostraran por la Costa Brava o Mallorca, no era extraño que fueran comedidos al comprarlo, máxime si el rico era un abogado del Estado. Los De la Rosa no tardarían en mostrar sin reparo, varios yates, jets, helicóptero, fincas,  e inmensa cuadra de automóviles último modelo.



PRIMERA PARTE
Consorcio de la Zona Franca
Piqué Advocats Associats
1975-1984

5


En el 78, para Antonio, sesenta y dos años de edad, única preocupación, el vaivén de sus novias, y si el ruido o sillón del último modelo de coche satisfacía el placer sentido cuando contemplaba la estampa en alguna revista. Entre chicas y coches, surgen los piques entre la francesa, el último de los caprichos, y la “querida” de Serena por el disfrute del yate, un Aresa de veintiún metros de eslora, encargando uno nuevo. El último de la cadena de rápidos negocios, ciento cincuenta millones donde yo cobraría del constructor, Astilleros Viudes de la Barceloneta, el 5%. Lo que se inició con la oferta de uno de segunda mano, el “Jacaranda”, por ochenta millones, se convirtió en nuevo con el placer de a cada visita añadirle caprichos pasando de cien millones a los ciento cincuenta. Desapareció, relativamente, antes de terminado el barco, y con él mi comisión.

Me costó afianzar la comisión, firmando un compromiso antes de conocerse el comprador, pues al nombrarle De la Rosa, Viudes se mostró extrañado porque Javier le comprara un yate sin intermediario. Yate y crucero por la Costa Azul zanjaban mi intervención en pequeños asuntos del extravagante personaje. Por lo oído a Serena y lo vivido desde un año antes, el “viejo verde” no daba golpe. Y a pocos meses de desaparecido Antonio de la Rosa, con suficientes referencias sobre el Banco Garriga Nogués, si los “financieros de dudosa reputación” evidentemente no actuaron de financieros, la autoría pertenecía al espabilado banquerillo. Y de los susurros se pasaba a la histeria y los espasmos. Un amigo mío empleado del Ayuntamiento me describía los de Antonio de la Rosa Martí, el hijo mayor del patriarca, abogado en el Consistorio. “Pagarán lo que han hecho a mi padre... le pervirtieron... ”. Me retumbaba veinticinco años después cuando la prensa daba al tal Antonio por contratado en la Generalitat de Jordi Pujol, cobrando sin presencia ni trabajo asignado. Unos genios los hijos de Antonio, unos por la efectividad de su trabajo y otros por no dar palo al agua. ¿Quién pervertiría su moral?

Serena y yo, pagaríamos que Javier manejara los fondos generados por los empréstitos al Consorcio, Fernando firmara como ingeniero jefe del departamento técnico, y la hija Pilar sustituyera en la alta dirección la total ausencia paterna. Unidos. Antes de que Javier se rasgara las vestiduras, capitaneando a toda la familia, por las golferías paternas, pactaría con sobornos toda una serie de medidas para la tranquila desaparición, y reconducir lo acabado en tragedia para nosotros. Tarea fácil con los medios a su alcance.
De un lado el pringamiento del grupo Banesto, la Caixa, y los altos dignatarios con cargo y vocalía en el Consorcio, y de otro su padre en intimidad de camaradería con la cúpula del Movimiento en Barcelona, Samarach, Porcioles, Mariano Calviño de Sabucedo y Gras, Santiago Cruilles de Peratallada y Bosch, Udina Martorell, Socias Humbert, (prácticamente todo el Consejo Provincial del Movimiento, muy excitados por la política del momento, sin razón, puesto que todos conservarían sus inmensas fortunas), hasta alcanzar de lleno la primera época y potencia de Ramón Serrano Suñer (cuñado de Franco), todos en buena sintonía con el ambicioso cachorro Javier, decantaba tanto la balanza que indiscutiblemente la “suerte estaba echada”.


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